14 de mayo de 2013

El libro que no se quema

La quema de libros es una práctica que ha empañado la historia de la humanidad en diversas épocas
 

La iglesia y los gobiernos tenían una forma particular de desaparecer esos "textos prohibidos", los quemaban para que no quedara rastro de aquellas letras insulsas; sin embargo, hubo quienes pensaron en aquel castigo y crearon un material para que los libros no pudieran quemarse.

Cuando se estrenó el libro Fahrenheit 451 se crearon algunos ejemplares que eran resistentes a fuego. De acuerdo a lo publicado por el sitio pijamasurf.com, la editorial Ballantine realizó en la década de los 50 una edición de Fahrenheit 451 en asbesto, esto para prevenir la quema, por si en algún momento la sociedad decidiera deshacerse de estos libros, por lo menos unos cuantos sobrevivieran al fuego.

Ray Bradbury tituló Fahrenheit 451 a las más célebre de sus novelas: se trata de la temperatura a la cual arde el papel, lo cual hace alusión a una sociedad en la que leer está prohibido y en las ciudades hay cuerpos similares a bomberos que, en vez de apagar incendios, se ocupan en crear hogueras donde queman cuantos libros se encuentren.

Tomando este motivo central del relato, la editorial Ballantine hizo una de las versiones más notables de Fahrenheit 451, publicando el libro en nada menos que asbesto, un material que resiste el fuego y que haría prácticamente imposible la reducción a cenizas del ejemplar. Actualmente existen unos 2 mil ejemplares de esta edición.

Sin embargo hubo muchos libros que no corrieron con esta suerte y los sitios prensalibreliterario.com y 20minutos.es hacen un recuento de estos años en donde leer estaba prohibido.

1. La quema de libros y asesinato de académicos en la China de Qin Shi Huang en el año 212 a. C., donde muchos intelectuales que desobedecieron la orden fueron enterrados vivos.

2. Los libros de Alquimia de la enciclopedia de Alejandría fueron quemados en 292 por el emperador Diocleciano.

3. En el año 367, Atanasio, el obispo rebelde de Alejandría, emitió una carta de pascua en la cual exigía que los monjes egipcios destruyeran todos aquellos escritos inaceptables, excepto aquellos que él particularmente etiquetó como aceptables y canónicos. Esa lista es lo que actualmente constituye el Nuevo Testamento.

4. Los textos heréticos no aparecieron como palimpsestos, borrados o sobrescritos como los textos paganos; de esta manera muchos textos de principios de la era cristiana se perdieron como si estos hubieran sido públicamente quemados. El Evangelio de Judas recientemente redescubierto en Egipto, fue un libro que se perdió mediante esta práctica de destrucción privada de información.

5. A finales del siglo XV se produjo en Florencia una importante quema de libros y obras artísticas de considerable valor, considerados todos ellos inmorales, en la llamada "Hoguera de las vanidades", promovida por Girolamo Savonarola.

6. La quema de los manuscritos o códices mayas por el sacerdote Diego de Landa en la localidad de Maní, en Yucatán, el 12 de julio de 1562.

7. A comienzos del siglo XVI, los andalusíes de la península ibérica tenían la obligación de entregar a las autoridades castellanas los libros escritos en árabe, siéndoles devueltos los que versaran sobre medicina, filosofía o historia, y quemados los demás.

8. También durante la Segunda Guerra Mundial se dio la quema de libros de autores judíos por parte de los nazis, desde 1930 hasta 1945 en Alemania.

9. En Chile, después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, los militares chilenos requisaron y quemaron miles de libros de política. En febrero de 1987 el Ministerio del Interior chileno sólo admitió haber quemado 15 mil copias de Las aventuras de Miguel Littín clandestino en Chile el 28 de noviembre de 1986, en Valparaíso, bajo órdenes del dictador Augusto Pinochet.

10. El 29 de abril de 1976, Luciano Benjamín Menéndez, jefe del III Cuerpo de Ejército a cargo del proceso de Reorganización Nacional (Golpe de Estado Argentino) con asiento en Córdoba, ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, Galeano... Dijo que lo hacía "a fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas... para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos".

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